“Mi mayor ilusión es despertar por la mañana viendo el Picazo y escuchar el cencerro de las vacas”

Pepa conserva en el recuerdo los veraneos de su infancia en Hoyo, cuando se compraba la leche recién ordeñada y aún no había caja registradora en la panadería. Ha seguido pasando aquí los veranos y fines de semana con su familia hasta que, finalmente, este año ha dado el salto para ser vecina a tiempo completo. Hemos hablado con ella del encanto de Hoyo y de las cosas que se podría hacer para que sea aún mejor.

Pepa, ¿cómo llegaste a Hoyo siendo madrileña?

Mis padres empezaron a venir aquí cuando tenía un año porque mi doctor en Madrid, Luis Montero, vivía en Hoyo de Manzanares. Yo había sido sietemesina y el doctor les dijo que el aire de Hoyo era el mejor de la sierra para fortalecerme.

Alquilamos sucesivamente dos casas de pueblo y cuando tenía cinco años, mis padres compraron una casa para venir fines de semana y en verano.

Las dos casas alquiladas eran de pueblo, de piedra tradicional con patio y luego, como muchos veraneantes, compramos en una urbanización, Miranieves, y estuvimos allí hasta hace diez años cuando nos hicimos una casa en la colonia Vindel. Era el sueño de mi padre y aunque no tuvo la oportunidad de verlo, nos hizo ilusión cumplir su sueño.

¿Y ahora sigues viniendo a veranear?

Sí, aunque este mismo mes, me acabo de trasladar a vivir a Hoyo, con mis hij@s. Todavía estamos en verano, así que el cambio “gordo” va a ser en septiembre.

¿Por qué has dado el salto?

Hasta ahora, vivía en el centro de Madrid y cada vez es más difícil vivir con niños allí. Además creo que la infancia es un momento específico que se puede vivir muy felizmente en Hoyo.

¿Qué te gusta de Hoyo a parte de los recuerdos de tu infancia en Hoyo?

Es un pueblo que conserva el sabor de pueblo, su aire puro, el monte.

Cuando estás en Hoyo, ¿dónde compras?

Casi todo lo compro en Hoyo, hacemos vida hoyense.

¿Cuáles son los negocios tradicionales que más han cambiado?

La pastelería Bernardos ha ampliado el negocio con las pizzas. La librería de hoyo y la juguetería son negocios que promueven mucho la cultura y me encantan. No tenemos que bajar a Madrid para acceder a la cultura y esto es muy importante para la vida de pueblo.

¿Qué aporta Hoyo a tus hij@s?

Para los niños, el skatepark es muy polivalente. Pueden patinar, jugar al futbol…

Me encantan las actividades del polideportivo para niñas y niños. Son mucho más baratas que en Madrid. Y claro, las fiestas, aunque las he vivido más antes que ahora, con hij@s. Las fiestas son las mejores de la sierra porque viene gente de todos los pueblos. La caldereta, los fuegos artificiales, todo va sumando.

¿Cuál es tu mayor motivación a la hora de vivir en Hoyo en vez de simplemente veranear?

infancia en hoyo

Mi mayor ilusión es despertar por la mañana viendo el picazo y escuchar el cencerro de las vacas.

Lo que me encanta son los paseos: el de las cascadas, ir a los decorados, y algo maravilloso: las vistas desde la Tortuga, el Picazo o la Mira.

¿Cuáles son los recuerdos más llamativos que tienes de los negocios de Hoyo?

Cuando íbamos a comprar el pan, no había caja registradora, poníamos el dinero en el bote. Hoyo ha crecido mucho también por los veraneantes. Antiguamente, comprábamos la leche en las vaquerías de los Monicos: vendían la leche recién ordeñada. Este sabor, ahora, nadie lo conoce.

¿Qué echas en falta para desarrollar el pueblo?

Me gustaría más cosas para niñ@s; pero actividades de interior para cuando llueve: no solo los viernes en la biblioteca, que están muy bien, sino también una ludoteca municipal por ejemplo. Talleres en la biblioteca o en sitios cubiertos.

El teatro municipal, se podría abrir más días a la semana con más actuaciones.

¿Y para jóvenes?

Quizás hacer cosas más culturales. O un portal para redes sociales, como lo hay en Torrelodones.

Llegan corriendo los hijos de Pepa: ¿Qué os gusta de Hoyo?

“El cine de verano, las fiestas y la plaza para montar en bici y patinete…” No lo dudan. Son fans de Hoyo.