Ana y Marina, creadoras y socias de Lamauri, tienen la valentía de contarnos todos los fracasos -pasajeros- de su aventura de emprender en bisutería.

¿De dónde viene Lamauri?

Marina: “He querido recordar a mi abuela. Ella fue la que me enseño a hacer punto cuando era pequeña, más concretamente calcetines de lana gruesa para el invierno así que cuando me plantee buscar un nombre a este proyecto tuve claro que ella tenía que estar presente de alguna forma. Ella se llamaba Maura, pero en su pueblo de origen, en la provincia de Palencia, ella era Mauri y yo, cuando visitaba el pueblo con ella, era la nieta de “la Mauri”. Así que con lamauri me quedé”.

¿Cómo empezasteis este negocio de bisutería?

Bisutería de alta gama Bisutería de alta gama Bisutería de alta gama Marina: “Nos conocimos en clases de pintura. Las dos vivimos en Hoyo. A mí me acababan de despedir por la crisis, justo en 2008. Decidí cuidarme unos meses porque la situación antes del despido había sido muy estresante. Me apunté a pintura y a natación y en poco tiempo empecé a buscar trabajo en plena crisis. Las ofertas eran malísimas, ya sabes, trabajar mucho y ganar muy poco. Yo siempre había hecho “cosas para pasar el rato”, sobre todo punto. En esta época hice un curso de bisutería y empecé a hacer collares para regalar a mis amigas. Un día, en casa, Ana vio un chal de punto que le encantó. Yo le dije que se lo regalaba. Ella insistió: “No, te lo pago”. Se empeñó y me pagó”.

“En 2009, estaba dando apoyo en la empresa de Ana y ella me animó con un mercado en el colegio Peñalar. Me dijo: “pon un puesto”. Yo no tenía ni piedras para hacer collares. Hice una tarjeta en Vista Print, compré corriendo material en Madrid. El mercado era un sábado y estuve toda la noche del viernes montando pendientes. Lo vendí todo. Incluso conseguí pedidos. Así que, alucinada, el lunes bajé a Madrid a comprar más material. Poquito a poco, me di de alta, y así empecé con Lamauri. El boca a boca es lo que nos abrió puertas. Aquí es cuando entra en escena Ana, era mi mejor clienta; así que en 2012, nos asociamos, creando una SL”.

Ana: “Yo iba a pintura desde el año 2003 porque me desahogaba. Fue un momento de mi vida en la que necesitaba centrarme en la parte creativa. En las clases, hice muchas amigas. Los años anteriores, había aprendido recuperación de muebles. Entonces, se decoraban los muebles con pintura. Compatibilicé mis cursos con la empresa de correduría de seguros que había abierto en el 89. Me había ido bien, pero en 2003, mi vida personal dio un cambio y esto influyó en mi vida laboral. No tenía tanta capacidad para soportar el estrés así que decidí dedicarme más a la gestión y enfocarme en la creatividad”.

¿La creatividad se aprende?

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Sí, la creatividad se aprende. Todo el mundo puede desarrollarla. Antes, en la educación, te quitaban la idea de ser artista. Ahora, por suerte, ya no es así.

¿Por qué una S.L.?

Creamos una SL para orientarnos a ferias. Debido a la crisis, no se pudo desarrollar hasta ahora. Tocas muchos palos al principio. Fíjate, nuestro objetivo era asistir a ferias y conseguir tiendas que vendieran nuestro productos y sigue siendo el mismo. Empezamos dejando nuestros productos en depósito a tiendas en Barcelona y Madrid. Fuimos a Bisutex pero por aquel entonces el evento estaba prácticamente muerto durante los años de la crisis. Así que empezamos con Pop ups. Nuestra experiencia es que no consigues entrar en tiendas. Para nosotras, ha sido una inversión perdida.

Otro intento que hicimos fue el de ir a Paris a participar en una feria de moda y complementos ya que España estaba tan mal. Esto también fue un fracaso absoluto. Fue muy, muy duro porque nos fuimos unos días después del atentado contra Charlie Hebdo. Cuando pasamos la frontera en Perpiñán, hubo un aviso de bomba. Total que tardamos más de 24h en llegar a nuestro hotel. Desde allí todo fue de mal en peor. Ni había taxis para ir a la feria, luego no encontrábamos el pabellón… Todo Paris estaba tomado por la policía. Como era de esperar, no vendimos nada. Pero no podemos achacar nuestro fracaso a la situación que vivió Paris esos días. Fue una suma de pequeñas cosas la que hizo que nuestra aventura parisina fuera una experiencia que no olvidaremos nunca por desastrosa pero que también nos sirvió de aprendizaje. Hoy cuando lo recordamos no podemos evitar reírnos de todo lo que pasamos. El paso del tiempo lo suaviza todo…

¿Os desanimasteis entonces?

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Sí, cuando pasan cosas así, te vienes abajo, pero las dos tenemos muy claro que esto lo queremos sacar adelante. En estos momentos en los que te desesperas siempre hay algo bueno que pasa; en nuestro caso fue que alguien empezó a distribuirnos en Puerto Rico. Este contacto lo conocimos en La Huella Market en el Hipódromo de Madrid. Allí tampoco habíamos vendido nada y conseguir el contacto de esta persona que nos distribuye nos animó. Así que hemos continuado hasta que se recuperase un poco la situación económica en España.

¿Qué habéis aprendido de todos estos pequeños “fracasos”?

Sabemos que tenemos que volver a ferias, sobre todo españolas, porque suponen menos inversión. También sabemos que nuestro producto gusta porque seguimos haciendo ventas directas y privadas en Santander, Barcelona y Madrid.

En enero de 2017, fuimos a Bisutex, en septiembre volvimos y volvemos en enero 2018. Ya empezamos a recuperar nuestra inversión allí; estamos muy contentas. Nuestra estrategia es de autofinanciación absoluta del proyecto.

¿Quién se implica en  Lamauri.com?

Ana: “Mi marido nos ayuda con nuestra página web y también colabora de manera totalmente altruista una periodista y amiga, Mercedes Lavandeira. Ella escribe los artículos del blog. Entrar a leerlos, son muy buenos”.

¿Cuáles han sido vuestros errores de principiantes?

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Al principio nos liamos haciendo publicidad en Google y no nos funcionó. Tuvimos muchas visitas pero no venta. Siempre es prueba y error. Hay que dar tiempo a las cosas; la clave está en seguir adelante. En nuestro caso, ¿qué es lo que nos hace seguir adelante? Es que nuestras clientas nos dicen: “cuando me pongo un collar vuestro, la gente me hace un cumplido”. El tema es conseguir la clientela, que nos vea y llegar a ella; pero el producto sí que gusta, hasta en ferias. Hay gente que entra, lo mira, lo toca, lo compran e incluso, hemos visto a competidores copiarnos…

¿Tenéis web?

Sí, tenemos un blog de WordPress. El tema on-line es más complicado. Tener la web es imprescindible, es como tener una tarjeta de visita. No estamos bien posicionadas en Google pero invertimos en hacer fotos de calidad de los productos. El tema de la web es un trabajo en sí mismo.

¿Vuestros objetivos para 2018?

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Queremos conseguir más tiendas, continuar con la venta directa, buscar distribución en EEUU y Sudamérica, porque en Puerto Rico nuestro producto gusta y pensamos que podemos desarrollarnos en estos países. No buscamos cualquier distribuidora sino alguien de confianza. Sabemos que vamos lentamente pero así lo queremos.

¿Qué es lo principal que habéis aprendido?

Hemos aprendido a tener una actitud realista. Cuando vamos a una feria, decimos “si nos va mal, no nos vamos a hundir, no nos va a influir.” Y seguimos. Esto lo hemos aprendido desde la humildad, es auto-protección. Sabemos que es una de cal y otra de arena. Esto tienen un sentido empresarial: tienes que tener diversificación, ir despacio, con mucho esfuerzo. Nuestro negocio necesita más estabilidad.

¿Cosas que os han sorprendido gratamente?

Muchas, por ejemplo, cuando una diseñadora de alta costura se nos acercó y nos pidió colaboración. Ella es la creadora de Nicholas & Atienza y su espacio está en la Plaza San Juan de la Cruz, 8 en Madrid. Tiene vestidos de novia, alta costura y una zona de prêt à porter. Quería complementos de bisutería. Nosotras lo vimos como tener un show room gratuito en el centro de Madrid. Ella tiene esta visión de crear sinergias y a nosotras nos encantó.

También hemos participado en Televisión Española. Concha Velasco, Inés Ballester, Paloma Gómez, Francine Gálvez, Isabel San Sebastián o Sonia Ferrer han lucido nuestras creaciones. Seguimos avanzando.